Autoras: Prof. Hilda Figueredo, Lic. Maritza Camacho, Prof. Eneida Añon, Prof. Maritza Méndez. Prof. Dali Aguilar, estudiantes de la UPEL, en la especialización de Procesos Didácticos para elNivel Básico.
En un mundo de cambios acelerados, donde ya no basta aprender la cultura elaborada y se exigen respuestas nuevas a problemas urgentes, es lógico que la capacidad de innovación sea un recurso humano imprescindible. Es por ello, que preparar personas creativas debe ser la primera exigencia para entender de forma aceptable la dinámica de cambios sociales, culturales, económicos y políticos. La formación es el camino mas apropiado para fomentar y desarrollar al máximo el potencial de la creatividad.
La creatividad y la inteligencia emocional son consideradas en este mundo cambiante y dinámico, como herramientas básicas, capaces de hacer gran diferencia en el poder transformador del hombre. Siendo la creatividad un atributo universal de todos los hombres, la herencia y la educación van a ser factores responsables de que no se manifieste o desarrolle adecuadamente.
Estas variables conllevan a confirma que educar la creatividad es una exigencia social.
Si nuestra manera de
educar es humanista, liberada, motivadora, tolerante y con mucho amor, descubriremos el valor que tiene la persona ya que el desarrollo de la creatividad requiere motivación, disposición y confianza que van a generar en el individuo emociones definidas a la acción, de manera que el repertorio emocional y su forma de operar influirá decisivamente en el éxito o fracaso en todas y cada una de las tareas que emprendan.
Sin embargo, ponerse a pensar o crear, a generar ideas valiosas voluntariamente, ayuda a fomentar el habito de buscar y encontrar nuevas posibilidades.
La inteligencia emocional es la capacidad de comprender nuestras emociones y las de los demás. Nuestra capacidad de aprendizaje esta por tanto íntimamente ligada ella. Las emociones impulsan cambios energéticos, bioquímicos y bioelectricos que son trasmitidos a través de neurotransmisores y macromoléculas de aminoácidos que se incorporan en la estructura de la sinapsis; las emociones son fuerzas activas: sentido, emociones, mente, cuerpo, se contraen y alinean para alcanzar la visión esperada del carácter creativo.
El uso inteligente de las emociones hace que trabaje la capacidad creativa cognitiva, logrando así el objetivo propuesto en mantener la mente desarrollada, produciendo técnicas y estrategias que satisfagan lo propuesto cubriendo las necesidades y deseos de otros; permitiéndole lograr relaciones eficaces entre las personas manifestando ser sociables, equilibradas, espontáneas y abiertas controlando sus impulsos según sean las situaciones que se le presenten.
Por lo tanto, proporcionar sinergia y compartir conocimiento no es tarea fácil, la esencia, consiste en valorar las diferencias, respetarlas, compensar las debilidades, construir sobre las fuerzas. Por lo tanto todo esto exige mucha capacidad de comprender al ser por dentro de sus necesidades más delicadas, sus emociones. El desafío consiste en aplicar en nuestras interacciones sociales los principios de cooperación creativa, donde se propician conocimientos mas significativos, capaz de crear situaciones de aprendizaje novedosas, mediante la estimulación de la capacidad imaginativa e innovadora, dirigiendo al ser a pensar, sentir y actuar en forma divergente. Es decir, que uno de los caminos de creación es la acción, el trabajo productivo, en la formación de un individuo capaz de transformarse y transformar al colectivo consciente del manejo de su inteligencia emocional; en otras palabras, es educar para toda la vida.
"La vida de una sociedad está en función de su actividad creadora"
(UNESCO)

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